jueves, 30 de marzo de 2017

Góngora: estilo representativo (y excepciones)

Luis de Góngora es el autor que mejor representa la voluntad barroca de retorcer y complicar el lenguaje de forma enrevesada, mediante continuos hipérbatos y referencias a la mitología de forma sutil, que solo están al alcance de lectores especialmente cultos.

Su obra Soledades debe ser leída muy atentamente con el continuo esfuerzo de desentrañar el orden verdadero y reconstruir el sentido oculto. Es, pues, un perfecto ejemplo de culteranismo.


Era del año la estación florida
en que el mentido robador de Europa,
media luna las armas de su frente,
y el Sol todos los rayos de su pelo,
luciente honor del cielo,
en campos de zafiro pace estrellas,
cuando el que ministrar podía la copa
a Júpiter mejor que el garzón de Ida,
náufrago y desdeñado sobre ausente,
lagrimosas de amor dulces querellas
da al mar; que condolido,
fue a las ondas, fue al viento
el mísero gemido,
segundo de Arïón dulce instrumento.
Del siempre en la montaña opuesto pino
al enemigo Noto,
piadoso miembro roto,
breve tabla, delfín no fue pequeño
al inconsiderado peregrino
que a una Libia de ondas su camino
fïó, y su vida a un leño (…).


Comentario resuelto (o, en este caso, traducción a castellano)


Aunque, por supuesto, siempre hay excepciones: Lope de Vega es el principal autor barroco en reivindicar el uso del octosílabo, verso que había quedado limitado a la poesía popular. 

Francisco de Quevedo y, en este caso, Luis de Góngora también lo hacen, como en los ejemplos que veremos a continuación (eso sí, verás como, incluso en este tipo de poemas, claramente más sencillos, en varios versos acaba apareciendo su estilo culterano).


Que se nos va la pascua, mozas,
 que se nos va la pascua.

            Mozuelas las de mi barrio,
            loquillas y confïadas:
5          mirad no os engañe el tiempo,
            la edad y la confïanza;
            no os dejéis lisonjear
            de la juventud lozana,
            porque de caducas flores
10        teje el tiempo sus guirnaldas.
            Que se nos va la pascua, mozas,
            que se nos va la pascua.

            Vuelan los ligeros años
            y con presurosas alas
15        nos roban, como harpías,
            nuestras sabrosas vïandas:
            la flor de la maravilla
            esta verdad nos declara,
            porque le hurta la tarde
20        lo que le dio la mañana.
            Que se nos va la pascua, mozas,
            que se nos va la pascua.

            Mirad que cuando pensáis
            que hacen la señal de la alba
25        las campanas de la vida,
            es la queda, y os desarma
            de vuestro color y lustre,
            de vuestro donaire y gracia,
            y quedáis, todas, perdidas
30        por mayores de la marca.
            Que se nos va la pascua, mozas,
            que se nos va la pascua.

            Yo sé de una buena vieja
            que fue un tiempo rubia y zarca,
35        y que, al presente, le cuesta
            harto caro el ver su cara,
            porque su bruñida frente
            y sus mejillas se hallan,
            más que roquete de obispo,
40        encogidas y arrugadas.
            Que se nos va la pascua, mozas,

            que se nos va la pascua (...)

¿Cuál es el tema de este poema?
¿Se refiere a un público concreto? ¿Qué tópico literario utiliza?



Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días 
mantequillas y pan tierno;
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente,
y ríase la gente

Coma en dorada vajilla 
el Príncipe mil cuidados,
como píldoras dorados;
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador reviente, 
y ríase la gente. 

Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el enero,
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas,
y quien las dulces patrañas
del Rey que rabió me cuente,
y ríase la gente. 

Busque muy en hora buena
el mercader nuevos soles,
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena 
sobre el chopo de la fuente,
y ríase la gente. 

Pase a medianoche el mar
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama,
que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar 
la blanca o roja corriente,
y ríase la gente. 

Pues Amor es tan cruel
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada, 
do se juntan ella y él,
sea mi Tisbe un pastel
y la espada sea mi diente,

y ríase la gente. 

¿Cuál es el tema principal de este poema?
¿A qué tópico literario remite esta intención de alejarse de los problemas motivados por la ambición, la envidia..?


Si Quevedo se reía de la nariz de Góngora, Góngora se burla ahora de los pies zambos de Quevedo, que hacían que anduviera cojeando, y de sus gafas, los famosos “quevedos”:

Anacreonte español, no hay quien os tope,
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope.

¿No imitaréis al terenciano Lope,
Que al de Belerofonte cada día
Sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?

Con cuidado especial vuestros antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.

Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier gregüesco luego.

A don Francisco de Quevedo

Cierto poeta, en forma peregrina
cuanto devota, se metió a romero,
con quien pudiera bien todo barbero
lavar la más llagada disciplina.

Era su benditísima esclavina,
en cuanto suya, de un hermoso cuero,
su báculo timón del más zorrero
bajel, que desde el Faro de Cecina

a Brindis, sin hacer agua, navega.
Este sin landre claudicante Roque,
de una venera justamente vano,

que en oro engasta, santa insignia,
aloque, a San Trago camina, donde llega:
que tanto anda el cojo como el sano.

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